Pares y nones
Como de costumbre Lucrecia Amour se encontraba trabajando desde temprano, la oficina blanca con muebles negros daba ese aire de majestuosidad, algo que nunca olvidabas, además el olor de frutas que dejaba al caminar por el pasillo era aun mas cautivar, le daba algo de color a esa imagen de trabajo, ese toque alegre que recordaba que la vida debía disfrutarse, el trabajo debía ser divertido de alguna forma o eso pensaba ella.
Al medio día su madre le llamo por teléfono, llevaba días llamándole a la oficina, tenía una semana con la misma idea de que se fuera de vacaciones, ella ya se estaba cansando de explicarle el por qué no podía hacerlo, pero ella parecía no entenderlo, conociendo el temperamento de ambas, esa discusión podrían tenerla toda la vida, hasta que una de las dos cediera a la presión de la otra. Cuando coloco el celular en el escritorio por error movió el mouse de la computadora y se dio cuenta de que tenia acumulados ya 30 e-mails, asustada porque el trabajo se le hubiera juntado se apresuro a revisarlos, varios solo eran confirmaciones de eventos ya agregados, otros eran mensajes de sus primos y tíos que la felicitaban por su nuevo puesto, así siguió hasta dejar su bandeja en 0, pero cuando se disponía a cerrar su sesión para tomar algo de café le llego uno nuevo, era de un remitente desconocido, “Despeje su mente en el Hotel de las estrellas, relájese, olvide los protocolos y viva sin reglas por una semana”. Suspiro, selección el mensaje y cuando estaba a punto de eliminarlo un joven de cabello castaño oscuro llamo a la puerta de la oficina.
Su jefe había contratado a un nuevo joven, Belisario Trauer, que trabajaría con ella en la sección de modas, donde coordinaría los eventos de presentación, conferencias, las fiestas, las bienvenidas, las inauguraciones, así el trabajo podría ser equitativo; sin embargo, eso le dejaría más tiempo para pasar con su madre, lo que era malo, no podía decir que estaba ocupada para evitar las discusiones sobre el descanso.
Cuando regreso a casa su madre la recibió feliz, en todo el rato que estuvieron juntas no menciono nada, pero a la llegada de su padre y sus dos hermanas la señora Annabella amour dio un gran anuncio, alguien había pedido la mano de Lucrecia, ella estuvo toda la tarde hablando con la madre del joven que se convertiría en su esposo; los arreglos estaban listos, solo debían presentarlos para que fuera un hecho. Toda la noche sus padres festejaron, sus hermanas la felicitaron y se la pasaron hablando de vestidos de novia, salones, arreglos, pasteles, meseros, invitaciones, todos parecían muy emocionados, menos la futura novia.
Al otro día cuando abrió su correo electrónico vio el mensaje del Hotel que había recibido un día antes y sin darse cuenta lo había abierto, adjunto a la información del hotel venían fotografías del lugar, que era bastante prometedor, piscinas, zona familiar, ejecutiva, masajes, tenis, golf, eran tantas actividades que era imposible que esa clase de lugar fuera real, y aunque fuera encontrar de su razón, llamo al número que venía en el correo, con la esperanza de que fuera falso espero un momento y antes de que colgara una mujer atendió, tenía una voz dulce, le pidió sus datos y un alias, cosa que le pareció extraña pero igual lo dio, Cleopatra, porque de no hacerlo no le reservarían la habitación. Solicito vacaciones por una semana y termino el trabajo que le faltaba. Cuando se dio cuenta de lo que había hecho ya se encontraba en el hotel, la gerente le hacía señas con la mano para que siguiera al botones.
La habitación no estaba mal, amplia, cómoda, aunque los colores dejaban mucho que desear, colores demasiado cálidos para su gusto; sin embargo, el resto del hotel era demasiado hermoso, tan tranquilo, algo que había olvidado desde aquella visita al campo que había a sus abuelos maternos, la fresca brisa daba la idea de que el tiempo no pasaba y entre tantos recuerdos agradables de su infancia se fue quedando dormida, tan profundamente que no escucho los golpes de la puerta ni sintió cuando un grupo de personas entro a la habitación. De un momento a otro fue abriendo los ojos y prestando atención a lo que pasaba, tres hombres jóvenes se encontraban al borde de la cama discutiendo, pero eso no le importo pensaba que debía salir de allí a como de lugar, entonces miro la puerta, estaba abierta asique con cuidado fue levantando se de la cama sin hacerla sonar y cuando pudo poner los pies en el piso salió corriendo. Ellos al verla despierta y trataron de detenerla, le gritaban algo pero ella no hizo caso. Entrar así a su habitación dejaba mucho que desear de la administración del hotel, corriendo por los pasillos hasta llegar a la recepción, cuando estuvo allí empezó a gritarle a la recepcionista que unos hombres habían entrado a su habitación mientras ella dormía, la gerente molesta regaño al botones y le pidió disculpas, al tiempo que le explico por qué había ocurrido tal encuentro. Los jóvenes que vio en su habitación son clientes recurrentes del hotel y siempre pedían esa misma habitación pero en otra temporada, por lo que el botones sabia que esa era la habitación que siempre pedían no se molesto que confirmarla.
Aun así Lucrecia no podía evitar estar enojada, quien iba a pensar que esos jóvenes la mirarían dormir, ¿por qué no habían ido a preguntar sobre la habitación? – pensó ella, habrían evitado la corrida maratónica del segundo piso a la recepción. Y así siguió durante mucho rato, dando vueltas y vueltas al asunto que no debía amargar sus vacaciones, pero ella tan perfeccionista y meticulosa no podía dejarlo pasar, necesitaba recibir una disculpa a como dé lugar. Llego la noche y pensó que era el mejor momento para dar un paso por la gran piscina que podía observar desde el ventanal de la habitación. En vaqueros y con playera de ¾ paseo por toda la piscina, cuando llego a unas sillas se sentó y comenzó a admirar la luna, perdiéndose de nuevo cuenta en sus pensamientos, hasta que de la nada una mano le toco el hombro y la hizo brincar desde la silla al piso. Las carcajadas gruesas y varoniles se escucharon justo al lado de ella, eran esos tres muchachos otra vez, aunque en esta ocasión se veían menos aterradores, la luz lunar les hacia bien. El joven de en medio le ofreció la mano, era pelirrojo y de tés tostada, los otros dos eran más claro de color pero seguían siendo morenos. Después de un rato de silencio incomodo consiguieron tener una plática normal, al parecer su idea de vacacionar antes les había salido mal, desde que salieron de sus trabajos todo había ido pésimo incluso sus alias en esa ocasión habían cambiado, el más alto de ellos había elegido Guideón por un actor alemán en una serie policiaca de su infancia, el más bajito y que tenia cabello negro se puso Tritón por su gusto, algo extraño, hacia el océano, y el que ella consideraba más amable eligió Leónidas, ya al no tener alternativa tuvo que decir el suyo, cleopatra. Era una reunión de personajes tan curiosa que podrían armar un sketch, o incluso uno de esos reality shows que tanto pasan por tv. Fue el momento más suelto que había tenido, sin protocolos, no había que pensar mucho en la forma de hablar, todos eran iguales, podían expresarse como quisieran no importaba si se equivocaban, eran sus propios pensamientos los que daban a conocer.
Los días transcurrieron igual, todas las noches se veían en ese mismo lugar para hablar de lo que fuera, incluso cenaban ahí, el servicio les llevaba lo que pidieran no importara que cosa fuera. Pero un día cuando ya se habían ido tanto Leónidas como tritón, Guideón le hizo una pregunta demasiado comprometedora a Cleo, como le había apodado el, algo que en las reglas del hotel estaba prohibido preguntar: ¿Quién eres en verdad? Algo que a ella también le intrigaba, porqué en un hotel guardarían esa clase de cosas, no había razones, a menos que ocultaran algo; sin embargo, revelar algo así, seguía en contra de las reglas, y ella y las reglas eran una, sin importar cuán extrañas o absurdas fueran, ella las respetaba, por lo que no hizo mucho caso de la pregunta y se fue a dormir. Al otro día ella no se reunió en la piscina con ellos, decidió salir en la mañana a usar el gimnasio y pasear por las tiendas que se encontraban en la otra ala del hotel, ropa demasiado provocativa para gusto, demasiado corta, demasiado transparente, no había nada que le gustara..Hasta que en un aparador vio algo que le llamo la atención, eran puros vestidos vaporosos, delicados, de colores oscuros y algunos claros, no había nada cálido. Cuando fue a pagar a la caja se dio cuenta había estado allí todo el día, ya estaba entrando la tarde y después de eso viene la noche, por dios, debía llegar a su habitación lo antes posible, pasar por la puerta de la piscina era muy peligroso, si se encontraba con alguno de los chicos sería el fin, tendría que enfrentar aquella pregunta de nuevo, así que con paso veloz tomo sus compras y salió corriendo pasando por la puerta de la piscina su cartera se salió de su bolsillo pero ella no se dio cuenta.
Cuando estuvo en su habitación comenzó a sacar todo lo que había comprado, vestidos, zapatos, todo era tan bonito, sencillo pero recatado, serio pero a la vez elegante, ese día había sido estupendo, solo hacía falta pedir la cena para que fuera perfecto, debía tomar su tarjeta de la habitación y marcar el numero, pero algo estaba mal, ¡no estaba su cartera!, ahora debía salir a buscarla. Hizo todo el recorrido de su habitación a la tienda pero no encontró nada, le pregunto a la empleada pero tampoco la vio, se le informo a la gerencia y ellos dieron un pequeño aviso de que si alguien venia una cartera negra con una piedra en forma de corazón la entregaran en la gerencia, después de un rato y que nadie llevara nada la gerencia ella se dirigió a su cuarto, muchos ya estaban dormidos podrían no haber escuchado el anuncio.
Llegando a su habitación vio que había alguien en su puerta, estaba espaldas, no le importo mucho de seguro esperaba a alguien más, pero antes de que metiera la llave en la cerradura el hombre se voltio y era Guideon, pero no solo eso, el tenia su cartera en la mano. Sin más remedio lo invito a pasar y le agradeció, llevaba más de 20 min esperando a que regresara. Pero no se veía molesto, su sonrisa y su forma tan despreocupada de hablar hacía que se sintiera relajada. Y así siguieron por varias horas, hasta que él le pregunto porque había faltado la noche anterior, al parecer ignorando que había sido su pregunta la causante, por lo que dio la escusa de que se había sentido mal del estomago y por eso no había ido. Y aunque era imposible que le creyera lo hizo, pareció convencido y no pregunto mas, pero hizo una revelación que cambiaría su manera de verlo para siempre.
Ya a un día de irse del hotel, Lucrecia se quedo pensando sobre lo hablado la otra noche con Guideon, ¿era posible que un lugar como este existiera? Tanta gente de diferentes estratos sociales reunidas, sin segregación, sin conflictos, no había discriminación alguna, lo que alguna vez habría rechazado, lo que cualquiera de sus compañeros de trabajo, familiar o conocido podría haber tachado de inmoral, ella lo estaba viviendo, había convivo con personas de diferentes profesiones, credos e ideologías y se habían complementado, no habían problemas ni nada por el estilo, pero tal vez había sido por la ignorancia de su realidad, estaba viviendo una ilusión, ese no era su mundo, el de ninguno. Pero eso no era todo Guideon le revelo cosas más comprometedores, su verdadero nombre era Alessandro Jassne, carrera modelo, estado civil comprometido,, signo zodiacal géminis. Las cosas no podían estar peor para la pobre Lucrecia. Su conciencia no la dejo salir de la habitación, estuvo rodando de un lado a otro de la cama, varias veces habían tocado su puerta pero no atendió, no podía recibir a nadie, el peso que cargaba sobre sus hombros ahora era demasiado para ella, así siguió hasta que llego la noche y con ella el sueño o las pesadillas.
Al otro día solo tuvo que tomar sus maletas y caminar hasta la recepción, entregar las llaves y su tarjeta de identificación, decidió irse temprano casi nadie estaba despierto, bueno nadie de los huéspedes. Una vez en el auto miro por última vez el hotel, miro el espejo retrovisor y vio que la persona que se reflejaba en el no era la misma Lucrecia, algo había cambiado en ella, pero no podía explicar que era tal vez nadie podría.
Condujo durante cuatro horas, paro muchas veces en gasolineras y autoservicios, parecía no querer llegar a su casa, pero cuando pudo ver los autos de sus hermanas en la entrada y la gran casa blanca con el césped tan verde ya no había vuelta de hoja, estaba en casa. Al pasar por la puerta con tres maletas sus hermanas se asombraron, pero no del numero de maletas, la ropa que traía era tan diferente a su estilo del diario, se había puesto uno de los vestidos que compro, su padre le sonrió y le beso le frente, muy propio de él. Su padre no parecía tan complacida y la miro meticulosamente de pies a cabeza, la escrutinio con la mirada por más de cinco minutos, Lucrecia saludo a sus hermanas y cuando llego con su madre no sonrió se remitió a darle un beso en la mejilla y a rosarle el hombro con sus largas uñas; el tiempo paso lentamente, sus hermanas leían revistas de boda, su padre revisaba la bolsa y su madre no dejaba de mirar el reloj y ver hacia la calle, por un momento pensó que alguna de las amigas de su madre vendrían a casa, pero cuando su madre se levanto de golpe y salió corriendo hacia la puerta se dio cuenta que no podía ser ninguna de sus amigas. Lucrecia miro afuera de la ventana y vio una limusina negra, no conocía a nadie que tuviera una, eran demasiado exclusivas, solo algunos cuantos en la ciudad las tenían.
En la cena Lucrecia no podía estar más que sorprendida, el joven que había comenzando a trabajar en la empresa era el mismo que había bajado de la limusina, quien su madre había invitado a comer, quien era su misterioso prometido. Se habían visto tan solo una vez, pero eso no era problema para las madres de ambos, ellos veían en su unión algo maravilloso, claro porque ellas no eran las que iban a casarse. Todos se veían exactamente iguales a como los recordaba de una semana atrás y a pesar de que en una semana una persona no podía cambiar tanto ella lo había hecho, se levanto de sopetón de la mesa y se fue a su cuarto, no dijo nada, su madre se puso roja de la furia, sus hermanas y su padre se quedaron atónitos, solo el novio dejo salir una risilla.
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