martes, 7 de julio de 2015

Le pettite

El tiempo.
Qué cosa tan extraordinaria y despiadada entidad es el tiempo, avanza a tal velocidad que, cuando te das cuenta  ya se ha pasado, pero al mismo tiempo continua allí, la muy desgraciada.
Veras, el tiempo y yo tenemos muchas cosas en común, por una parte somos pasajeras, por otra somos imparciales y por ultima, somos monótonas, sí bien fui llamada la chica del tiempo no fue por mis largas y eróticas piernas o mis grandes y erectos senos, no. Me llaman la chica del tiempo porque siempre lo mido.
 La hora exacta es 9:00 ´pm.
De niña tuve una gran fascinación por el tiempo, era tanta mi obsesión que me la pasaba las tardes pegada al reloJ despertador que mi madre tenia, era de esos negros que veías en las películas, con un botón en la parte superior para parar la alarma, era digital y como novedad tenia la voz de una mujer, algo robotica y fría, era una maquina, para algunos; sin embargo, para mi era alguien especial, con su voz me deleitaba, cada vez que decía la hora yo le agradecida, en mi inocencia creía que era lo correcto dar las gracias a aquella mujer dentro del reloj, por otra parte, siempre desprecie al gallo.
A diferencia de los despertadores comunes este para despertar tenía el sonido de un gallo, que a diferencia de la mujer no se escuchaba robótico, para mí era un suplicio, pero allí no acababa después de sonar el gallo pasaba a chilla en tus oídos un polluelo, chillón chillo, que de malas, te hacia levantarte de la comodidad de la cama e iniciar el día.
Acompañando al reloj despertador estaba uno de pulsera con la forma de una estrella, era rojo y tenía chispitas en la parte del reloj, este mostraba los segundos y siempre me entretenía ponerlo a la hora correcta, que por alguna razón lo estaba.
Fuera del tiempo se encontraba mi vestido morado, simple y extravagante a la vez, era morado con detalles amarillos en la orilla de las bolsas, y si bien tenía otros vestidos ese era el favorito, hasta que mamá decidió que estaba muy gastado y lo guardo.
Nunca pude reemplazarlo. Cuando me crecieron los senos y mama trato de hacerme uno, lo odie, no lucia como mi vestido y no lo era. Yo había crecido.
Y lo deteste.
La primaria fue una etapa extraña para mi, la inocencia en la que vivía comparada con las cosas que mis compañeros, parecían conocer, me hizo una persona extremadamente tímida, y la mayor parte de mi último año la pase siendo, introvertida, la secundaria no fue mucho mejor, no conocía a nadie y termine en un colegio para señoritas. Si existe una formula para hacer a una señorita lesbiana es ponerla con otras señoritas y prohibir el contacto con los jovencitos hasta el matrimonio, ¿mencione que era una escuela católica?
El récord en elegir los peores vestuarios es mio.
Aunque hablando de mal vestidos muchas personas me ganan, de igual manera mis primeros momentos en la High school fueron H-o-r-r-i-b-l-e. Favor de pronunciar en English, please.
Allí tuve a mi primer amor, el muy desgraciado, el cual fue la cosa mas rara del mundo, hasta ahora no se, y nunca preguntare, si el sabia o no de mi gusto hacia el, lo único que me anima es una simple y sencilla cosa, su actual novia es FEA, CON F DE FOCA.
Pero ya lo supere. Tanto como he podido, el vació lo llenan los libros. Y las películas.

Y las chicas.

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