El
tiempo.
Qué
cosa tan extraordinaria y despiadada entidad es el tiempo, avanza a tal
velocidad que, cuando te das cuenta ya
se ha pasado, pero al mismo tiempo continua allí, la muy desgraciada.
Veras,
el tiempo y yo tenemos muchas cosas en común, por una parte somos pasajeras,
por otra somos imparciales y por ultima, somos monótonas, sí bien fui llamada
la chica del tiempo no fue por mis largas y eróticas piernas o mis grandes y
erectos senos, no. Me llaman la chica del tiempo porque siempre lo mido.
La hora
exacta es 9:00 ´pm.
De
niña tuve una gran fascinación por el tiempo, era tanta mi obsesión que me la
pasaba las tardes pegada al reloJ despertador que mi madre tenia, era de esos
negros que veías en las películas, con un botón en la parte superior para parar
la alarma, era digital y como novedad tenia la voz de una mujer, algo robotica
y fría, era una maquina, para algunos; sin embargo, para mi era alguien
especial, con su voz me deleitaba, cada vez que decía la hora yo le agradecida,
en mi inocencia creía que era lo correcto dar las gracias a aquella mujer
dentro del reloj, por otra parte, siempre desprecie al gallo.
A
diferencia de los despertadores comunes este para despertar tenía el sonido de
un gallo, que a diferencia de la mujer no se escuchaba robótico, para mí era un
suplicio, pero allí no acababa después de sonar el gallo pasaba a chilla en tus
oídos un polluelo, chillón chillo, que de malas, te hacia levantarte de la
comodidad de la cama e iniciar el día.
Acompañando
al reloj despertador estaba uno de pulsera con la forma de una estrella, era
rojo y tenía chispitas en la parte del reloj, este mostraba los segundos y
siempre me entretenía ponerlo a la hora correcta, que por alguna razón lo
estaba.
Fuera
del tiempo se encontraba mi vestido morado, simple y extravagante a la vez, era
morado con detalles amarillos en la orilla de las bolsas, y si bien tenía otros
vestidos ese era el favorito, hasta que mamá decidió que estaba muy gastado y
lo guardo.
Nunca
pude reemplazarlo. Cuando me crecieron los senos y mama trato de hacerme uno,
lo odie, no lucia como mi vestido y no lo
era. Yo había crecido.
Y
lo deteste.
La
primaria fue una etapa extraña para mi, la inocencia en la que vivía comparada
con las cosas que mis compañeros, parecían conocer, me hizo una persona
extremadamente tímida, y la mayor parte de mi último año la pase siendo,
introvertida, la secundaria no fue mucho mejor, no conocía a nadie y termine en
un colegio para señoritas. Si existe una formula para hacer a una señorita
lesbiana es ponerla con otras señoritas y prohibir el contacto con los jovencitos
hasta el matrimonio, ¿mencione que era
una escuela católica?
El récord en elegir los peores vestuarios es mio.
Aunque
hablando de mal vestidos muchas personas me ganan, de igual manera mis primeros
momentos en la High school fueron
H-o-r-r-i-b-l-e. Favor de pronunciar en English,
please.
Allí
tuve a mi primer amor, el muy
desgraciado, el cual fue la cosa mas rara del mundo, hasta ahora no se, y
nunca preguntare, si el sabia o no de mi gusto hacia el, lo único que me anima
es una simple y sencilla cosa, su actual
novia es FEA, CON F DE FOCA.
Pero
ya lo supere. Tanto como he podido, el vació lo llenan los libros. Y las películas.
Y
las chicas.
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